
Descubre cómo combinar levantamiento facial con técnicas de injerto de grasa mejora volumen, naturalidad y resultados del lifting facial para un rejuvenecimiento completo.
El envejecimiento facial no ocurre solo por la flacidez de la piel. Con los años también se pierde volumen, se afinan los contornos y el rostro puede adquirir un aspecto cansado o hundido. Por eso, en la práctica del Dr. Richer, el enfoque moderno del rejuvenecimiento no se limita a “estirar”, sino a restaurar.
En este contexto, combinar levantamiento facial con técnicas de injerto de grasa se ha convertido en una de las estrategias más completas para lograr resultados armónicos, naturales y duraderos.
Este artículo profundiza en cómo funciona esta combinación, por qué la transferencia de grasa potencia los resultados del lifting facial y qué puedes esperar antes, durante y después del procedimiento.
El objetivo es ofrecerte una guía clara y práctica que te ayude a tomar una decisión informada, con expectativas realistas y basadas en la experiencia clínica.
El lifting facial tradicional se centra en reposicionar tejidos caídos y eliminar el exceso de piel. Aunque esto mejora la flacidez, no corrige uno de los signos clave del envejecimiento: la pérdida de volumen facial. Al combinar levantamiento facial con técnicas de injerto de grasa, se aborda el problema de forma integral.
La grasa autóloga permite rellenar zonas hundidas, suavizar transiciones y devolver soporte a áreas como pómulos, mejillas y surcos. El resultado no es solo un rostro más firme, sino también más equilibrado y juvenil, evitando el aspecto tenso o artificial que muchos pacientes desean evitar.
Desde el punto de vista estético, esta combinación responde mejor a la anatomía real del envejecimiento. Desde el punto de vista del paciente, ofrece un rejuvenecimiento más completo en una sola intervención.
El injerto de grasa facial, también llamado lipofilling o fat grafting, consiste en extraer grasa de una zona donante del propio paciente, procesarla cuidadosamente y reinyectar en áreas del rostro que han perdido volumen. Al ser grasa autóloga, no existe riesgo de rechazo inmunológico.
Cuando se integra a un lifting facial, la grasa actúa como un complemento estructural. Mientras el lifting reposiciona tejidos y mejora la flacidez, el injerto de grasa rellena, suaviza y modela. Esta sinergia es la base de resultados más naturales y tridimensionales.
Con la edad, el rostro pierde grasa en zonas profundas y superficiales. Los pómulos se aplanan, las mejillas se vacían y los surcos se acentúan. Un lifting sin volumen puede tensar la piel, pero no reconstruye estas áreas.
Al combinar levantamiento facial con técnicas de injerto de grasa, se corrigen estos déficits volumétricos. El rostro recupera proyección en el tercio medio, las transiciones se ven más suaves y la expresión general resulta más descansada.
Uno de los grandes valores de la transferencia de grasa es su biocompatibilidad total. Al provenir del propio cuerpo, se integra de forma natural en los tejidos faciales. Además, la grasa contiene células con potencial regenerativo que pueden mejorar la calidad de la piel, su textura y elasticidad.
Otro beneficio importante es la duración. Aunque parte de la grasa se reabsorbe, el volumen que sobrevive puede mantenerse durante años. Esto convierte al injerto de grasa en una alternativa más estable frente a rellenos temporales cuando se busca un resultado a largo plazo.
No todos los pacientes necesitan injerto de grasa, pero muchos se benefician de él. En la consulta, el cirujano evalúa la calidad de la piel, el grado de flacidez y la pérdida de volumen. Los mejores candidatos suelen ser personas con envejecimiento facial moderado a avanzado que presentan hundimientos visibles en mejillas, pómulos u ojeras.
También es importante contar con zonas donantes adecuadas, como abdomen o muslos. En la experiencia del Dr. Richer, una evaluación personalizada es clave para decidir cuánto volumen añadir y en qué zonas, evitando sobre correcciones.
Antes de la cirugía se analizan proporciones faciales, asimetrías y expectativas del paciente. La planificación define qué áreas se levantarán, dónde se injertará grasa y qué volumen aproximado se utilizará. Esta etapa es esencial para lograr un resultado armónico.
La grasa se obtiene mediante una liposucción suave, diseñada para preservar la viabilidad celular. Posteriormente se procesa para eliminar líquidos y restos sanguíneos, obteniendo una grasa más pura y estable.
Durante el lifting, el cirujano inyecta la grasa en pequeñas cantidades y en múltiples planos. Esta técnica favorece la integración y la supervivencia del injerto. La grasa se utiliza estratégicamente para restaurar contornos y suavizar transiciones, no para “inflar” el rostro.
Las mejillas y pómulos son las áreas más tratadas ya que su pérdida de volumen afecta notablemente al aspecto envejecido. El injerto de grasa en estas zonas devuelve soporte y proyección al tercio medio facial.
También se tratan surcos nasogenianos, ojeras hundidas, sienes y, en casos seleccionados, labios y mentón. El objetivo siempre es restaurar volumen natural, no alterar la identidad facial.
Uno de los principales motivos para combinar levantamiento facial con técnicas de injerto de grasa es la calidad del resultado. La piel no solo se ve más firme, sino que el rostro recupera suavidad y plenitud.
Los pacientes suelen describir un aspecto más descansado y juvenil, sin señales evidentes de cirugía. Esto se debe a que la grasa suaviza líneas y transiciones, evitando contrastes bruscos entre áreas tensionadas y zonas hundidas.
No toda la grasa injertada sobrevive. Durante las primeras semanas se produce una reabsorción parcial, que forma parte del proceso normal. En promedio, entre el 50 % y el 80 % del volumen se mantiene a largo plazo, dependiendo de la técnica y de factores individuales.
Los resultados se consideran estables a partir de los 3 a 6 meses. En algunos casos se planifican retoques para perfeccionar el contorno, siempre con un enfoque conservador y personalizado.
Los rellenos dérmicos ofrecen resultados rápidos y sin cirugía, pero son temporales. La grasa autóloga, en cambio, puede integrarse de forma permanente y mejorar la calidad de la piel. Cuando se combina con un lifting, el injerto de grasa ofrece un rejuvenecimiento más profundo y estructural.
Frente a implantes o lifting aislado, esta combinación destaca por su naturalidad. No se trata de elegir un procedimiento sobre otro, sino de integrar técnicas para responder mejor al envejecimiento real del rostro.
La recuperación incluye hinchazón y moretones tanto en el rostro como en la zona donante. Los primeros días requieren reposo relativo y cabeza elevada. La mayoría de los pacientes retoman actividades ligeras en una semana.
La inflamación disminuye progresivamente, y el resultado se va refinando con el tiempo. Seguir las indicaciones médicas es fundamental para proteger la grasa injertada y optimizar la cicatrización.
Como cualquier cirugía, existen riesgos, aunque poco frecuentes cuando el procedimiento se realiza por un cirujano experimentado. Entre ellos se incluyen asimetrías, reabsorción excesiva de grasa o irregularidades temporales.
Factores como el tabaquismo pueden afectar negativamente la supervivencia del injerto. Por eso, una buena preparación y un seguimiento adecuado son esenciales para minimizar complicaciones.
¿La recuperación es más larga al combinar ambos procedimientos?
En general, la recuperación no suele ser significativamente más prolongada que la de un lifting facial solo. Puede haber mayor inflamación inicial debido al injerto de grasa, pero al realizarse en una sola cirugía se evita pasar por dos procesos de recuperación separados.
Una parte se reabsorbe en las primeras semanas. La grasa que sobrevive se integra y puede mantenerse durante años, aunque el envejecimiento natural continúa.
Depende del objetivo. La grasa ofrece mayor durabilidad y naturalidad, mientras que los rellenos son temporales y menos invasivos. En un lifting, la grasa suele ser más coherente con el enfoque quirúrgico.
No debería. Cuando se realiza correctamente, la combinación busca rejuvenecer sin alterar rasgos ni expresiones, manteniendo la identidad del paciente.
El envejecimiento facial es un proceso complejo que no se resuelve con una sola técnica. En la experiencia del Dr. Richer, combinar levantamiento facial con técnicas de injerto de grasa permite abordar flacidez y pérdida de volumen de manera simultánea, logrando resultados más naturales, armónicos y duraderos.
Esta combinación no sólo rejuvenece, sino que respeta la anatomía y la expresión del rostro. Para quienes buscan un cambio visible pero discreto, informado y personalizado, el lifting facial con injerto de grasa representa una de las opciones más completas en cirugía estética facial moderna.